Milicianos que custodian los hospitales pasan hambre

Milicianos que custodian los hospitales pasan hambre

Todo comenzó en una humilde vivienda ubicada en Lídice, al oeste de la ciudad. Un equipo de 10 personas se puso de acuerdo y preparó 480 porciones de comida. El menú fue  arroz con lentejas y pasta con caraotas. Todo fue cuidadosamente preparado y empacado. El propósito era paliar el hambre de los más necesitados de la ciudad.

Cuatro vehículos particulares se dispusieron para transportar las cajas de comida. La caravana emprendió el trayecto con entusiasmo. La primera parada fue el hospital J.M. de los Ríos, ubicado en San Bernardino.

Nathaly Olivo, proponente de la actividad, fue hasta la entrada del centro asistencial y pidió entrar para cumplir con su cometido. Dos jóvenes, vestidos de mimos la acompañarían a repartir los alimentos y a brindarle un poco de alegría a los pacientes.

La respuesta fue contundente: “Aquí no hay crisis humanitaria, no pueden entrar”. La advertencia fue pronunciada por un colectivo que “custodia” el referido hospital.

La amenaza duró pocos segundos. Los voluntarios no pudieron entrar, pero los que estaban adentro salieron en busca de la pequeña donación.

A los milicianos y milicianas se les advirtió que la actividad no era del partido de gobierno ni de ningún ente oficial. Al unísono respondieron: “Nosotros también tenemos hambre”.

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